martes, 27 de noviembre de 2012

ESPECIALES - HISTORIA DEL ROCK NACIONAL (parte II)




Primera Década (los 60s):
No hay Rock sin Naufragio




Con Los Beatles a la cabeza las escalas comenzaron a alterarse.
En la Argentina, programas televisivos como "Ritmo y Juventud" y "El Club Del Clan" proclamaba la llegada de la nueva ola musical. Palito Ortega, Jhony Tedesco, Jolly land, Violeta Rivas, Nicky Jones, Chico Novarro, Lalo Fransen y varios más asumieron la vanguardia juvenil del momento, pero el cambio no pasaría por ellos. Un grupo no numeroso de jóvenes rebeldes e inquietantes asumió esa nueva filosofía de vida que a partir del rock se expandía por todo el mundo. Las pautas eran distintas, opuestas a todo lo establecido. Las premisas de los rockeros argentinos se basaba en conceptos éticos y estéticos opuestos a todo lo conocido.


Con personajes como Litto Nebbia, Moris, Tanguito, Miguel Cantilo y varios más tocando para jóvenes en el circuito under porteño, concentrado todo en La Cueva, una especie de bar roquero de capital. El Rock nace con la formación de “Los Gatos”, el grupo de Litto Nebbia que hizo furor con su hit “La balsa”, escrito por Tanguito y Nebbia y se consolida como movimiento popular con el nacimiento del grupo “Almendra”, liderado por el flaco Spinetta. “Muchacha ojos de papel” sonaba en todas las casas argentinas. Podríamos llamar a este nacimiento como una “primera etapa”, donde de grupos sosos y bailables como los que habían, nace una movida de culto, con poesía más fina y elaborada y ritmos mucho más acordes a la creciente “beatlemaía” mundial.  

La idea consistía en tomar el nuevo mensaje musical y cantar en castellano los sentimientos y vivencias de quienes no estaban de acuerdo con el modelo establecido por la sociedad. Como reflejo de la Beatlemanía, los pelos largos comenzaron a aparecer y la imagen sufrió cambios notables. Pero el gran cambio no pasaba simplemente por el aspecto: en bares, plazas, pensiones y otros puntos de encuentro, el rock en castellano comenzaba a ser una realidad . 

Allí estaban Javier Martinez, Miguel Abuelo, Tanguito, Pajarito Zaguri y otros que, sin ser músicos, también compartían la flamante filosofía. Las primeras épocas fueron realmente duras: carentes de medios, perseguidos por la policía, ignorados por los productores, incomprendidos por la prensa y el resto de los jóvenes, su radio de acción se vio circunscripto a escasos puntos de reunión.

En 1965 llegaron a Buenos Aires Los Gatos Salvajes, un grupo rosarino que si bien ingreso en un circuito menos bohemio y más comercial, se sumó a la consigna casi utópico de cantar rock en castellano.
Desde el Uruguay llegaron Los Shakers, de los hermanos Fattorusso, excelentes músicos que cantaban en inglés, y poco apoco todos comenzaron a converger en Pasarotus, un boliche de jazz en Pueyrredón al 1700 que cambió su denominación por La Cueva junto con la perla de once, plaza Francia, el instituto di tella y algunos otros pocos sitios marginales o casi desconocidos fueron el centro de incipiente movimiento.

 
Los primeros en grabar fueron Los Beatniks, quienes en junio de 1966 lanzaron a la calle su primer simple Rebelde. Vendieron nada más que 200 copias.
En 1967, Litto Nebbia y Los Gatos dieron la primera estocada: su simple debut, "La Balsa", "Ayer nomás", vendió nada menos que doscientas mil copias. El rock argentino tenía su primer éxito masivo, y entonces el movimiento cobró fuerza.



Eso hace que en agosto de 1967 se lleve a cabo el primer recital de rock y poesía de ésta ciudad. Sabemos que el recital no es publicitado más que a través del boca a boca, no obstante, llega a convocar aproximadamente a unas 250.000 personas. Observamos que tienen algunos denominadores comunes: Están desorganizados, todavía sin líderes, usan el pelo largo, cintas de colores, jeans y collares, se oponen al sistema y no pretenden comercializar con su música.

Tenemos que mencionar que facilitan la difusión de este nuevo ritmo musical y estilo de vida programas televisivos tales como “El Club del Clan” y “Ritmo y Juventud”.
Aún así, vemos que en los primeros 20 años del rock nacional, no fue muy difundido, ya que eran perseguidos por la policía, incomprendidos por el resto de los jóvenes e ignorados por los productores y la prensa. Al ser un movimiento poco difundido, se encontraban en unos pocos lugares de reunión: “La Cueva” (ex-boliche de jazz), “La Perla del Once”, Plaza Francia y el instituto Di Tella.

Sabemos que la sociedad los conoce como hippies (término importado de Estados Unidos, al igual que el rock, y que hace referencia a que se está en onda con lo marginal), no obstante, ellos no se refieren a sí mismos con ese vocablo y su relación con el uso de drogas. 

 
Las drogas actúan como estimulantes, haciendo que todas las emociones sean mucho más intensas: la heroína, que genera sensación de euforia; los inhalantes, que proporcionan un bienestar inmediato; el LSD que es un alucinógeno; la marihuana que puede afectar el estado de ánimo y la coordinación; y la metanfetamina que produce euforia.
Si bien no todos los seguidores del rock consumían drogas, no podemos negar que un gran porcentaje de ellos se drogaba (y aún hoy podemos notar que sigue siendo común la drogadicción entre gente del rock).
 
Podemos apreciar que los roqueros hacen del abuso un emblema. Un emblema que en sus percepciones se presenta como signo de rebeldía al sistema.
Sabemos que en 1967 "La Balsa" marca el despegue de la temática vigente. El planteo existencial de la misma, contrasta con la tríada: joven, baile, pasatiempo, imperante en el repertorio.

En 1968 se roda la película “Tiro de gracia”, escrita por Sergio Mulet que muestra el submundo de la neobohemia.
Ese mismo año nace la revista “PinAp”, que hemos constatado que organizó los primeros festivales de rock y dedicó sus páginas a hablar de las manifestaciones culturales de los jóvenes. Aunque da mayor cobertura a grupos comerciales que a rockeros, ofrece todo aquello que pueda interesar. Su diseño gráfico no copia la gráfica rockera de Estados Unidos e Inglaterra, sino que es completamente nuevo: une personajes característicos con trazos extremadamente anchos. 

 
Cada lunes de Septiembre, se organiza en el teatro El Nacional el primer festival nacional de rock, que incluye un concurso para elegir el mejor de dieciséis temas.
Hacia fines del '68, mientras vemos aparecer grupos nuevos apoyados por los grandes sellos discográficos, con en fin de dirigir sus ventas a las masas; empieza a desaparecer uno de los rasgos distintivos que habían caracterizado hasta entonces a los amantes del rock: el pelo largo. 


En Belgrano surgió Almendra, con Spinetta a la cabeza. En Caballito de la unión de charly García y Nito Mestre se forma Sui Generis. Miguel Peralta, cantante folklórico, se asomó un día por La Cueva y aceptó como desafío y a modo de repudio cantar Vidala del angelito. Lo aplaudieron a rabiar. Muy pronto se haría llamar Miguel Abuelo. 
 

El grupo conformado por Gabis, Martinez y Medina tocaba blues y se llamaba Manal. Miguel Abuelo junto con Los Abuelos de la Nada, logró un contrató con la CBS. Almendra tuvo mejor suerte y su tercer simple se convirtió en un éxito: Tema de Pototo y luego con Muchacha, ojos de papel, que se convertiría en otro gran clásico del rock nacional.
 
Un grupo de Quilmes llamado Vox Dei venía pisando fuerte. Su primer simple Azúcar amarga, dejó claro su enorme potencial.

Los festivales comienzan a ponerse de moda. El primer concierto masivo fue el Festival Pinap, organizado por la revista del mismo nombre. 12.000 personas llegaron al lugar para ver los shows de Almendra, Manal y otros grupos de barrio.

 

En 1969, se separan Los Gatos momentáneamente y volvieron a reunirse con Pappo reemplazando a Galiffi. Se volcaron a un estilo más rockero hasta que se disolvieron definitivamente a fin de año. Pappo forma Pappo’s Blues, hoy una leyenda. La relación de los de Almendra se desgastó y terminaron separándose, mismo destino que correría la genial Manal.
  
Al año siguiente nace “La Cofradía de la Flor Solar” (1969), primer grupo en intentar un modo de vida comunitario.
Estamos de acuerdo en afirmar que por esta época el rock significaba para los jóvenes, amor libre, alejarse de los parámetros tradicionales como la familia y las instituciones, vestirse con pantalones gastados y escuchar buena música. 

 

Grandes músicos dio el lapso entre fines de los '60 y principios de los '70, pero fue el mítico grupo “Sui Generis”, liderado por Charly García y Nito Mestre, el que tomó la delantera y masificó el Rock Nacional, haciéndolo llegar a oídos de todos y generando los primeros grandes rectales y giras. Por otro lado la separación de “Almendra” y sus posteriores fusiones, dieron excelentes bandas como “Pescado Rabioso”, de Spinetta, “Color Humano”, de Edelmiro Molinari y “Aquelarre”, de Emilio Del Guercio. Los más pesados se volcaron hacia Pappo’s Blues, la banda del Carpo, Norberto “Pappo” Napolitano. Aunque las raíces de la música “densa de blues” vienen de “Manal”.
 

Comenzaron los festivales, los productores prestaron mayor atención al fenómeno, apareció la revista "Pinap", la legión de jóvenes se engrosó considerablemente, y nuevos músicos se atrevieron a mostrar lo suyo.
Con la aparición de Manal y Almendra junto con los Gatos el rock tenía su trilogía esencial, y aquellos tibios intentos de Los Beatniks, Los Abuelos de la Nada (primera etapa) y otros destacados, comenzaban a dar sus frutos. 



ESPECIALES - HISTORIA DEL ROCK NACIONAL (parte I)








Capítulo 1 - Introducción



El Rock Nacional y su Influencia 
en la Cultura Argentina.




A lo largo de la historia del hombre ha habido diversas manifestaciones culturales que influyeron en la sociedad. Entre esas manifestaciones culturales se encuentra la música. Tal vez uno de los géneros musicales que mas influyó e influye en la sociedad actual es el Rock and Roll. 
 
A pesar de que se han hecho diversas investigaciones sobre éste, no podemos evitar preguntarnos cuál es la influencia que tubo en la sociedad argentina desde sus orígenes hasta la actualidad . El libro “Ayer nomás: 40 años de rock en la Argentina” parece dar una respuesta parcial a este interrogante explicando el desarrollo de los festivales de este genero musical que se desarrollaron en argentina desde la década del ’60, organizados en un principio por los mismos músicos, mas tarde por revistas que se dedicaban a difundir este movimiento y finalmente por sponsors tales como: Quilmes, Pepsi, etc. Además, relata cómo era el publico que acudía a estos festivales y cómo era tratado por las autoridades políticas y el resto de la sociedad.

 

Sin duda, también tenemos que hacer referencia a los orígenes del rock para entender un poco mejor este movimiento. En el libro “ Rock & Roll : cutura de los jovenes ” de Valeria Manzano y Mauro Pasqualini, explica que: el rock es un estilo de música que surgen en EE. UU. en la década del 50, gracias a la influencia de ciertos ritmos y estilos marginales propios de la población de color, y cuyas características están dadas por la manera de acentuar los compases, los instrumentos utilizados y el pequeño tamaño de los grupos que lo ejecutan. 

Partiendo de la certeza de que el rock es un producto de la sociedad industrial de posguerra, caracterizada por niveles de prosperidad que posibilitan el aumento del consumo y del tiempo de ocio; pero al mismo tiempo signada por exclusiones y desigualdades que inquietan los ánimos de los espíritus mas sensibles, que deben buscar una forma de expresarse; es posible darnos una idea más acabada de por qué el rock and roll llegó a ser lo que es hoy en día. 
 
También nos preguntamos por qué llegó este movimiento a nuestro país y tuvo tanta aceptación por parte de los jóvenes. Diversas bibliografías coinciden en afirmar que la brecha que separaba a los jóvenes del mundo adulto había crecido enormemente en la década de 1950 y el rock, que llegó de la mano de músicos estadounidenses, rápidamente fue aceptado como un instrumento que hizo posible que los jóvenes se sintieran parte de algo y repudiaran la falta de interés de la población adulta hacia ellos. Con esto, aumentó la participación de los jóvenes en cuestiones sociales y políticas y permitió que comiencen a marcar su propio camino en libertad de gusto, acción y expresión.


El rock llegó a la Argentina en la década del '50; como reflejo de la explosión musical que se expandía por el mundo entero. Pero ese furor ágil, rebelde y descontraído , llegaría como una nueva música de moda. El verdadero rock argentino tardaría todavía una década más en nacer. El panorama musical de la Argentina estaba gobernado por cantantes románticos.
 
Por ese entonces el bolero todavía cubría un lugar importante en las pistas de baile y obviamente, el tango y el folklore eran herencias respetadas de otros tiempos. La influencia de Elvis Presley, Bill Halley & The Comets y otros despertó en los artistas argentinos ganas de rockear. Ya en los 60’ y con la incorporación del twist de la mano de Chubby Checker, el género ganó más adeptos entre cantantes y músicos locales.


En ese contexto, en 1958 nace la primera banda de rock de nuestro país: Mr. Roll y sus Rockers. Durante los primeros años, el rock argentino va surgiendo en Buenos Aires, Rosario y Villa Gesell. Podríamos decir que se presenta como un medio para que los jóvenes construyan su identidad, para que sientan que pertenecen a una comunidad, para que adopten una actitud personal y no se conviertan en lo que esperan los demás, sino en lo que ellos quieren, para que logren sentirse libres. Debemos resaltar que durante los primeros años de la primera década de rock argentino surgen aproximadamente cuarenta grupos de rock.  Este estallido cultural que se vive en Buenos Aires, une a escritores, artistas plásticos y rockeros.  
 
Aunque hemos llegado a comprender algunos de los cambios culturales que produjo el rock en nuestra sociedad, nos preguntamos: ¿son estos todos los cambios culturales que produjo o habrá mas? Creemos que los cambios que produjo este nuevo movimiento en nuestro país van mucho mas allá del sentido de pertenencia, el aumento de la participación de los jóvenes en la sociedad y las consecuencias económicas de los festivales de rock. El rock ha modificado a la sociedad, llegando a ser una parte esencial de ella y afectando las vidas de todos los argentinos. 
  
Para tener una visión clara de la mayor cantidad de cambios que produjo el rock en la sociedad argentina es necesario responder a ciertos interrogantes. Explicar claramente como surgió el género en el mundo y que fue el rock and roll en los primeros tiempos resulta fundamental para entender la influencia que tuvo en este país.

 
 

ARTÍCULOS - REVIEW: CHARLY GARCÍA & L.A. SPINETTA (Revista Rolling Stone, 2010)

 
 
Kill Gill y el boxset de Las Bandas Eternas llegan juntos: con un disco casi perdido y una caja antológica, vuelven dos íconos rockeros.


NUESTROS DIOSES SAGRADOS

 

En Diciembre de 2009, RS publicaba en la tapa del anuario una producción fotográfica que reunía las dos máximas figuras del rock nacional: Luis Alberto Spinetta y Charly García. El primero a punto de embarcarse en una ambiciosa aventura, reuniendo en una noche los músicos y bandas que lo acompañaron en toda su carrera. El segundo, de regreso de una temporada en el infierno, con un recital en Vélez que de alguna manera también operaba como un resumen de su trayectoria. Un año después, ambos están de vuelta. Luis Alberto con el testimonio multimedia de esa noche histórica, Spinetta y las Bandas Eternas. García, con el mítico Kill Gill, trabajo que estuvo a punto de convertirse en un "lost album", con una historia tan accidentada como la de su autor.

De Kill Gill, primer disco de estudio de García en siete años, puede decirse que ésta es por lo menos la tercera versión, y que viene dando vueltas desde 2005. La primera no dejó conforme a Charly, la segunda fue retenida con la excusa de que se filtró en internet, y la tercera, luego de más sobregrabaciones realizadas en 2010, es la que ve ahora la luz como un combo de CD+DVD.

El subtítulo, Un disco que se ve, alude al contenido del DVD, con animaciones de las 11 canciones realizadas en torno a pinturas y collages realizadas por el propio García durante el proceso de composición. Charly define Kill Gill como una miniópera, pero encontrar una línea argumental es tan (o más) difícil que en La Hija de la Lágrima. Lo importante es que el álbum producido por Andrew Loog Oldham - aunque el proceso de construcción en estudio, con capas y capas de sobregrabaciones sigue siendo inequívocamente García- trae algunas de sus mejores composiciones en mucho tiempo. Lo que sí puede verse como tema unitario son las referencias autobiográficas en las canciones, expresadas en hallazgos líricos que dejan atrás la simpleza de -por ejemplo- "El Aguante".

Empezando por la potente "No Importa", una serie de definiciones ("no importa la revolución/no importa Chopin") que recuerdan el "God" de John Lennon, un link acentuado por la versión traducida (a medias) de "Watching the Wheels", titulada "Mirando las ruedas". Las citas autoreferenciales continúan en "Pastillas" ("el tiempo que me perdí, y todo lo que fue/es como un sueño que no es... te doy este auricular/y un disco para mirar"), cuya melodía, al igual que la de "Telepáticamente", remite al mejor García, el de La Máquina y Serú. Este otro link está reforzado por la reversión de "Transformación", tema originalmente aparecido en Seru '92, con una letra visionaria: "Volveré a abrir tu corazón/aunque me desintegre la trransformación".

La ingenuidad melódica de "Corazón de Hormigón" remite a un Charly casi niño y su admiración por el Club del Clan, y la voz del invitado Palito Ortega le sienta a la perfección, además de ser un gesto (musical y personal) de reconocimiento a uno de los artifices de su recuperación. Lástima que García haya elegido incluir tres canciones en inglés, porque "Happy and real" es una composición suprema, que evoca a Brian Wilson y Tom Waits.Urgente, una versión en castellano ahí. El hecho de que haya sido finalmente editado es un logro en sí mismo, pero Charly puede sentirse orgulloso de Kill Gill: ni nostálgico ni arrepentido, su música habla de un artista que sigue creando en tiempo presente.

Quizás lo mejor que pueda decirse de Spinetta y las Bandas Eternas es que el continente le hace justicia al contenido. Durante el año que pasó desde aquel evento único, soñado, realizado el 4 de Diciembre de 2009 en el estadio Vélez, la especulación entre los fanáticos de Spinetta no fue sólo cuándo (saldría) sino cómo (sería el formato) y cuánto (del evento quedaría registrado). Al igual que sucedió con el concierto de más de 5 horas, que superó aún las predicciones más optimistas, la caja Spinetta y las Bandas Eternas es un acontecimiento sin precedentes en el país en cuanto a ediciones discográficas se refiere: 3 CDs, 3 DVDs y dos libros de generoso tamaño y excelente impresión. El primero, Ensayos, con fotos de Eduardo Martí y textos del propio Luis, y el segundo, Show, con fotos de Hernán Dardick.

En los CDs no está todo lo que sucedió sobre el escenario de Vélez, pero casi, registrado con un audio estupendo. Los DVDs 1 y 2 contienen el concierto alojado en los tres CDs, y el tercero se titula Backstage, con tomas de los ensayos y reflexiones de Spinetta realizadas con posterioridad al concierto (hay emotivas palabras referidas a Gustavo Cerati y el fallecido bajista Beto Satragni). Puede utilizarse casi como un aperitivo para la escucha del concierto, ya que va presentando a los distintos actores y culmina con tomas de la prueba de sonido, además de contener pantallazos de algunas cosas que quedaron en el camino (por ejemplo, Invisible ensayando "Los libros de la buena memoria", que finalmente no tocaron).

Y ahora queda la difícil tarea - para el cronista - de destacar los momentos sobresalientes dentro de un panorama general de excelencia. No quedan dudas acerca de las reuniones de Pescado Rabioso, Invisible y Almendra: fueron memorables. Invisible "radicalizado" como trío, "así como fue su despertar" (palabras de Spinetta) muestra una elegante solvencia dentro de la complejidad, uniendo vuelo y potencia, abriéndose a la guitarra invitada de Lito Epumer para el homenaje a Tanguito con "Amor de Primavera". Pescado deja aparecer el "timing" de Black, las olas sonoras del Hammond de Cutaia, la guitarra sinuosa de Lebón (que canta "Hola dulce viento", su primer tema registrado en disco), y adquiere un voltaje rockero bien setentista con la aparición de Bocón Frascino en "Me gusta ese tajo". Almendra es, simplemente, "una biblia", como bien define Luis (aún cuando faltan un par de temas de su set). La dignidad conque abordan los vericuetos de esos temas increíbles que grabaron cuando eran casi adolescentes, habla por sí misma.

Pero además nos queda la extraordinaria participación de Cerati en "Bajan" y su propia "Té para tres", el espíritu siempre optimista de Fito Páez en "Las cosas tienen movimiento", un renacido Charly en "Rezo por vos", el sentimiento profundo en la voz y la guitarra de Mollo en "8 de Oxctubre", un Juanse asumiendo el legado de Pappo en "¿Adónde está la libertad?". Y los brillantes duetos con tecladistas como Leo Sujatovich en "Maribel se durmió" y Diego Rapoport en "Ella también". Y aún falta destacar su banda estable (con la poderosa viola de Baltasar Comotto y Guillermo Vadalá como todoterreno) en "Tu vuelo al fin", o las referencias a Jade con "Alma de Diamante" (Juan Del Barrio en los teclados) y la evocación a los Socios del Desierto (con Javier Malosetti en batería reemplazando a Daniel Wirtz) en "Bosnia".

Como queda reflejado en las casi hiperrealistas fotografías de Martí, la pátina del tiempo ha fortalecido el talento de estos músicos que construyeron buena parte de la historia del rock argentino, profundizando los rasgos definitorios de su arte. Todos ellos aportando sus colores en la paleta de un demiurgo cuyas composiciones siguen inspirando, alumbrando, conmoviendo, como lo prueba este testimonio inapelable de sus 40 años de carrera. Spinetta y sus Bandas Eternas seguirán sonando, aún cuando aquella noche de Vélez sea sólo un lejano recuerdo, tan vívido e inasible como un sueño.


Por Claudio Kleiman

Ilustración de Pablo Zerda